La cerámica de Carlos Manuel Gonçalves nos muestra criaturas fantásticas y personajes divertidos que nos hacen sonreír. Así es su mundo, ligero y divertido. Su universo tan peculiar lo acompaña desde la infancia en un Alentejo profundo, en una época aún sin internet, donde la imaginación y la creatividad eran sus mayores armas para entretenerse. La gente del campo, los animales de la granja y todas las criaturas que habitaban en su imaginación, reflejan hoy la identidad de su trabajo.
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